La modernidad es la era de la atingencia, que tiene su comienzo con la insubordinación de unas adolescentes del siglo XII que encabezaron un movimiento morfogenético transformador de las antiguas tradiciones y estructuras sociales, por elegir al hombre que amaban, negándose a ser "entregadas" por sus padres a esposos a quienes no conocían.
Este movimiento ha sido silencioso y silenciado y desde el punto de vista cultural puede representarse con la metáfora de un río subterráneo que fecunda las tierras bajo las que discurren sus aguas. Desde el punto de vista jurídico, la evolución de lo que en la historiiografía se comprende como Modernidad -y que tendría su comienzo en el siglo XV con el renacimiento- puede describirse como la reacción de signo homeostático de la jerarquía eclesiástica que, al mismo tiempo que se enriquecía de la fecunda influencia de las narrativas litúrgicas nupciales -basadas en el principio del consentimiento matrimonial- se arrogaba un pocer ordenador de la vida matrimonial y familiar que sólo corresponde a las personas y a las familias. Al socaire de las narrativas jurisdiccionales de la Iglesia católica se desarrolló lo que Bauman denominó la modernidad sólida. El proceso de secularización desarrollado en los paises occidentales ha llevado consigo el tránsito a la modernidad líquida.
El paradigma de atingencia es un principio jurídico que surge de la contemplación del testimonio de las adolescentes del siglo XII y del carácter disruptivo de su conducta que transformó las tradiciones, las costumbres y las estructuras de la antigüedad.
En este post se explica por qué este ejemplo luminoso ha pasado inadvertido a la mayoría de los ciudadanos e incluso de los juristas. Por una parte, no se trató de una revolución ruidosa sino de un ejemplo silencioso; de otra parte, ha habido y hay muchos intereses en que esa voz sea también silenciada.