Dícese de la persona que, en un ejercicio de libertad y confianza, realiza el acto fundacional de la atingencia al poner en conocimiento de un tercero la existencia de un conflicto que afecta su esfera íntima.
El lenguaje que utilizamos en el ámbito de la conflictividad ha sido secuestrado por el paradigma jurídico moderno de la jurisdicción del Estado. Hablamos de jueces, fiscales, abogados, notarios y peritos bajo un modelo diseñado para aplicar siempre un ordenamiento normativo sin el cual, supuestamente, sería imposible administrar justicia.
Sin embargo, cuando aplicamos el paradigma de la atingencia a las crisis y conflictos familiares, el modo de enfocar la situación cambia radicalmente:
Aquí no hay culpables ni interesa distinguir entre víctimas y victimarios.
El objetivo primordial es proteger la vida, especialmente la de los más vulnerables (niños, niñas, adolescentes y personas con discapacidad intelectual).
Es aquí donde los profesionales del Derecho de Familia necesitamos renovar la terminología y los conceptos. Y en este escenario emerge una figura clave: el nuncio.
Proveniente del latín (el que da a conocer algo a los demás), el nuncio de un conflicto familiar es aquella persona que pone en conocimiento de un tercero la existencia de un conflicto autobiográfico.
Desde la teoría de sistemas, sabemos que cualquier cosa que afecta a uno de los miembros repercute necesariamente en todos los demás. La familia comparte, por definición, la intimidad y el modo de vivir en comunión. Cuando una persona percibe que no vive en esa lógica amorosa, esa intimidad queda herida.
Todo conflicto familiar tiene una dimensión jurídica, ya que existe una necesidad vital de una persona que no está siendo satisfecha por el microsistema familiar. Sin embargo, es al adquirir la característica de la alteridad —cuando un amigo, otro familiar o un profesional tiene noticia de este dolor intrapersonal— que el conflicto autobiográfico pasa a ser un conflicto jurídico-familiar en sentido estricto.
Es en este preciso momento cuando puede aparecer la figura del analista del conflicto familiar.
Como en cualquier ámbito, un conflicto familiar no puede ser resuelto por una sola persona; requiere siempre la participación de cuantos intervienen en él. Pero hay una regla inquebrantable para que la resolución sea posible: el conflicto no se resolverá si la necesidad vital del nuncio no resulta, por lo menos, escuchada y satisfecha.